VIVIR FUERA DE CASA
Estar fuera de casa significa mucho más que estar lejos. Es despertarte por la mañana y escuchar un buenos días, pero no de la persona que deseas. Es necesitar un abrazo de una persona y no poder recibirlo. Es un sentimiento de soledad falso, que en algunos días fríos de invierno se pude hacer insoportable.
Estar fuera de casa son los cumpleaños por skype, las llamadas interminables por teléfono, ser la amiga que siempre falta y la hija, nieta o prima que nunca está. Es sentirte sola y darte cuenta de que tu gente sigue estando ahí, aunque lejos, y que poco a poco vas teniendo a más gente en tu nueva casa. Porque seguramente acabe siendo tu nueva ciudad, tu nueva vida.
Ese sitio que empezó como desconocido, poco poco se va volviendo más familiar, y llegará un momento en el que se convierta en tu hogar. Entonces te darás cuenta de que realmente ha valido la pena, todo aquello con lo que te motivabas para seguir adelante en un principio se ha hecho realidad, lo has conseguido.
¿Y lo mejor? La gente a la que más quieres y echas de menos estará preparando el mejor de sus abrazos para recibirte vez que vuelvas a casa.